VIVOS LOS QUEREMOS

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Por: Grupo de estudio René García

El paro ha demostrado que la degradación social tiene como raíz la inequidad. Colombia es el segundo país más inequitativo de América Latina después de Brasil. Más de un mes de protestas contra un Gobierno que prefirió apretarle el cinturón a la clase trabajadora, antes que a las élites de poder económico en el diseño de sus políticas en reacción a la pandemia, ha revelado el poder del pueblo, constituyente primario que exige soluciones a sus problemas.

No parece estar Iván Duque a la altura del momento, todo lo contrario: se niega a hablar con los jóvenes protagonistas de las movilizaciones en campos y ciudades, quienes no se sienten representados por el comité nacional del paro; y se niega a concretar vías de negociación.

La represión contra las protestas lleva a pensar en métodos de violencia de estado usados en las dictaduras del cono sur: asesinatos a manos de la fuerza pública, torturas, abusos sexuales, desapariciones. Hay además casos comprobados de hombres vestidos de civil protegidos por policías mientras abren fuego contra los manifestantes o ejecutan detenciones ilegales en una reedición del paramilitarismo. Hay denuncias sobre infiltrados de la fuerza pública entre los manifestantes, efectuando actos de vandalismo para desprestigiar las justas demandas de quienes protestan pacíficamente. No estamos ante hechos aislados ni manzanas podridas: se trata de un proceder desmedido en el uso de la fuerza por parte del Estado.

Llegado este momento hace falta escuchar los llamados a la sensatez. Al Gobierno no parece importarle las vidas de jóvenes manifestantes, policías y militares que están siendo sacrificadas vilmente en medio de la respuesta militar a las protestas. La vida de un joven vale más que el destino de cualquier empresa.

Según algunos analistas, la estrategia del Centro Democrático consiste en prolongar el paro y acumular réditos electorales, presentando al candidato de Uribe como salvador de cara al 2022.

¿Cómo evitar más muertes? No solamente el partido de Gobierno parece interesado en aprovecharse de la situación.

Las propuestas de la calle merecen ser escuchadas. Las denuncias sobre violaciones a los derechos humanos son importantes, pero no suficientes. Ciertamente exigimos el cese de la represión y el esclarecimiento de las violaciones de los derechos humanos (incluyendo los graves hechos de violencia sexual y de género). Además, hay que saber distinguir dónde están los caminos de solución más allá de la encrucijada, sin traicionar al movimiento social ni sus conquistas, pero tampoco sugiriendo que la juventud debe asumir formas de martirio que solo convienen a quienes se enriquecen con el derramamiento de la sangre.

A los jóvenes los queremos vivos.

Junio de 2021

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